martes, 17 de agosto de 2010

Hubo un tiempo



¿Por qué había de ser azul o gris? Siempre miraba al cielo con disgusto, pues el azul veraniego y el gris invernal le parecían incorrectos. Así que un buen día salió a la calle, alzó la vista, y eligió que entonces y para siempre el cielo sería amarillo. Y el cielo fue amarillo, sin importar el mes y estación del año.

Pero en verano el calor seguía torturándolo, mientras que en invierno el frío a veces se volvía insoportable. Después de un buen tiempo determinando la temperatura perfecta empíricamente, decidió entonces que todos los días el termómetro marcaría 18,7 grados. Y pasaron muchos años en que su vestimenta diaria no varió.

Fue de esta forma que cambió también el sabor del café, el olor de la humedad y la textura de las frazadas. Las naranjas ya no dieron jugo: se volvieron focos que alumbraban su hogar. La luz se volvió espesa y pudo saber, siempre y a ojos cerrados, si era de día o de noche.

Un buen día decidió que los víveres del almacén no tenían precio. Tomó unos cuantos del mostrador, los echó en una bolsa y se marchó. Al poco de caminar un agente policial lo detuvo. Al interrogarlo buscando las razones del absurdo atraco, explicó que las cosas que llevaba eran gratis. Tal convicción mostró, que fue derivado a un psicólogo especialista. Pero los intentos del experto por explicarle que no podía decidir cómo eran las cosas le parecieron tan fastidiosos que decidió que enmudeciera.

Fue a parar al calabozo, acusado de asestarle un golpe terrible a su terapeuta dejándolo mudo. Allí encontró a su compañero de celda, un asesino múltiple que con una sonrisa le prometió que su vida de preso sería un infierno. Entendiendo que el reo era un peligro, decidió que no debía vivir. Su compañero cayó desplomado, con un agujero atravesando su pecho del cual manaba sangre a chorros.

Fue condenado a muerte por apuñalar y dar muerte al homicida. Ya en el patíbulo, se enfrentó a sus verdugos, quienes le preguntaron si tenía unas últimas palabras que decir. Contestó que no le parecía correcto morir y que por lo tanto había decidido irse. Un segundo después desapareció en el aire.

La historia del loco desaparecido comenzó a circular con rapidez, pero con el tiempo se cuestionó la veracidad del relato y finalmente ya nadie lo recordó. Nunca más se apreció un cielo amarillo ni se pudo tocar la luz, y la libertad de los hombres se apagó para siempre.

martes, 10 de agosto de 2010

La espera


Todo comenzó un lunes. Después de almuerzo, cuando el mundo dormía la siesta, se asomó por la estación. Buscó una banca libre y fresca donde la sombra ayudara a llevar un poco mejor el calor. Después de sentarse extrajo de la mochila un libro que había comprado pocos días atrás en una feria. La historia era buena, pero no podía evitar mirar por sobre el libro cada una o dos páginas de lectura. Fumaba constantemente, dejando una pila de colillas y fósforos apagados en el cenicero herrumbroso y olvidado. Así se le fue la tarde, siempre esperando pero sin saber qué o a quién, hasta que con el caer de la noche se retiró.
El martes apareció un poco más tarde, cuando ya algunos volvían a sus trabajos. Siguió con su lectura, de la cual llevaba ya un tercio, elevando la mirada hacia el tren cada tres o cuatro páginas, y fumó unos cuantos cigarrillos hasta que el frío de la tarde lo hizo retirarse.
El miércoles ya nadie dormía cuando llegó. En la misma banca de siempre, echando una mirada esporádica cada vez que encendía un nuevo cigarrillo, se mantuvo imperturbable hasta caer en la cuenta que le quedaban sólo un poco más de cien páginas. Tomó sus cosas, miró otra vez, y se fue por el camino de siempre.
Así siguieron los otros días, llegando cada vez más tarde y leyendo menos, con miradas al tren menos frecuentes y una hora de retirada más temprano, pero siempre esperando.
Hasta que llegó el domingo. Sólo diez páginas lo separaban del final de la trama. Encendió un cigarrillo y leyó sin interrupción para expulsar la última bocanada de humo justo en el momento en que daba punto final a la historia. Se levantó en forma cansina, carente de esperanza volteó la mirada por última vez hacia el tren que se detenía, y al fin supo lo que estaba esperando. Pero la dicha e ilusión se le quebrantaron en un segundo al ver que tras de ella bajaba un hombre asiéndola de la mano. Al verlos besarse sonrió de forma demencial antes de huir para siempre de esa estación maldita.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Si a veces callo

Si a veces callo, es por vergüenza;
otras tantas por temor.
Pero ay, mujer, si mi reserva es intensa,
es que hoy callo por amor.

lunes, 2 de agosto de 2010

El vaso medio lleno

Tras un riguroso proceso de censura aprobación, les dejo otra entrega de nuestro colaborador Diego Navarrete, aka Chu.
Zuru



No entiendo de qué se quejan. Que libertad de expresión, libertad de información, el “derecho” a informar (así se trate de la aventura más privada de una diva con su amante peninsular), y tantos otros reclamos.
¿Ha visto alguien un medio sujeto a control publicando algo contra la censura? Y si no reclaman ellos…

Lo reconozco, yo era de aquellos que desconfiaba de la noble labor que cumplía aquel comité de notables a cargo del marcador amarillo. Argumentaba que se trataba de artimañas dispuestas a engañar a la población con una falsa sensación de tranquilidad y orden. “Gendarmes del status quo”, “encubridores de la dictadura”, me atreví a llamarlos. Les debo una disculpa, pues no terminaba de comprender todas las ventajas que tiene escribir bajo dicho régimen. Es más, la palabra censura me parece desmedida y demonizante. Sería mejor hablar de “prudencia en el quehacer literario”.

En primer lugar, para los más díscolos autores, la singular sensación de incertidumbre respecto de si mi escrito será o no publicado, unida a la emoción que trae consigo el intento de filtrar alguna que otra idea propia entre los párrafos, debiese bastar para sentirse agradecido de escribir para los “prudentes”. Por lo demás, es innegable como dicho ejercicio mejora sustancialmente la sutileza de la escritura personal.

Para los escritores de espíritu menos osado, también aparecen una serie de maravillosas oportunidades. Este proceso de revisión, quita sobre nosotros el cruel y poco instruido juzgamiento de la masa. Ya no es preciso escribir para ellos, con todas las trabas que eso implica: simplificar el lenguaje, clarificar las ideas, y tener que lograr un texto atractivo para un público demasiado amplio. No, con el comité la cosa es distinta. Nos enfrentamos a un pequeño grupo, y que gracias a Dios (¿podré nombrarlo?), están a nuestra misma altura. Son intelectuales que se dedican, por así decirlo, al análisis literario. Así es sólo cuestión de tiempo para descubrir sus gustos e intereses, qué les gusta y qué no; cuestión de tiempo para entablar una cordial relación, donde ellos se encargan de guiarnos por el camino indicado: el tema correcto y la palabra precisa (¿la sonrisa perfecta? No, mejor no). De esta forma se pone fin al terrible problema del proceso creativo y la búsqueda de inspiración, que tantas complicaciones traen a aquél que se dispone a escribir.

Incluso para aquellos de espíritu revolucionario, y que insisten en desafiar abiertamente las directrices de la censura, existen ventajas (es, como pueden ver, un régimen extremadamente democrático, puesto que beneficia a todo tipo de autor): todo aquello que no ha sido aprobado se suprime del escrito dejando en su lugar un espacio en blanco. Así, aquellos que insisten en incluir términos y oraciones que atenten contra la prudencia, pueden ser identificados por la enorme cantidad de espacios en blanco contenidos en sus textos, haciéndose expresas sus críticas, precisamente por la falta de ellas. Al menos ahorrarán tinta.
Además, ¿no es el principal objetivo de todo escritor el convencer a otros con su obra? ¿No busca acaso recibir sino las mejores críticas por su trabajo?
Pues bien, todo escrito que ha sido aprobado, goza de aceptación universal, pues se constituye en la versión oficial. Qué tranquilidad saber que mañana no estaremos sujetos a un desmentido, o peor aún, ¡a una réplica! En todo caso, si alguien tuviera la osadía de desafiar nuestras opiniones, contamos con todo el apoyo de la oficialidad para sostener las bondades y veracidad de nuestra versión.

Por todo esto es que no entiendo de qué se quejan. Yo me encuentro feliz escribiendo bajo tanta ventaja. No sé si llegue al ágape, pero no reclamo.
Es cuestión de ver el vaso medio lleno…

Diego Navarrete

domingo, 1 de agosto de 2010

Strike Tres


-Perdón. ¿Puedo sentarme aquí a terminar este café?
-Sí, claro.
-Mi nombre es Palma, Alejandro Palma.
-Que bien. Si estamos en esas, el mío es Lina, Caro-lina.
-Con sentido del humor, raro en la juventud actual.
-También la calvicie y la religión, pero hay uno que otro por ahí con esas características.
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-Ya la hiciste, pero por esfuerzo te regalo otra.
-Touché. ¿Qué hay con el pelo de ese color y los piercings?
-Me gustan.
-Pero, ¿por alguna razón en particular?
-Sí, me gustan.
-Vamos.
-Si va a continuar el interrogatorio de esta forma, exijo un abogado.
-¡Qué conocimiento cívico! Y me sigues sacando sonrisas. Está bien. ¿Podemos hablar con franqueza?
-¡Con franqueza! Raro en la adultez actual.
-Segundo strike. Al tercero es out.
-Así son las reglas.
-Mira, para serte franco –no Franco-, soy periodista. Y estoy haciendo un reportaje sobre tribus urbanas, pokemones, esas cosas. Y, no sé, me pareciste un buen espécimen.
-Foul.
-Hay que tomar algunos riesgos en esta profesión. Entonces, ¿me contestas algunas preguntas?
-Ya he contestado varias, pero está bien. Dispara.
-Si no te molesta prefiero solo preguntarte. Pacifista.
-Ver para creer.
-Bueno, ¿Cómo describirías su conducta sexual?
-Mmm lúdica.
-Desarrolla.
-Simplemente estamos jugando, descubriendo, experimentando. ¿Qué tiene eso de malo?
-Pero de tanto “poncear”, parece que estuvieran a favor de la poligamia.
-No, eso jamás, es más bien una monogamia sucesiva.
-Eso es un argumento léxico. ¿Qué hay de la fidelidad a la pareja?
-Somos fieles, no fanáticos. Por lo demás, le somos fieles a lo que sentimos. ¿No es eso más importante a la hora de los balances?
-Para mi eso es otro síntoma de su hipocresía.
-Desarrolla.
-Se creen rebeldes por tener el pelo de color y acostarse con cualquiera. Critican al mundo pero son uniformes y faltos de proyectos como otros. Ahí su hipocresía.
-Ahí su error. Rebeldes no somos, ni nos creemos. Esto no es crítica, sino reconocimiento.
-¿Reconocimiento? ¿En qué sentido?
-Horizontal o vertical. Como quieras.
-Vamos.
-Está bien... Reconocimiento de que no se vislumbran reales proyectos de cambio. La única diferencia es que no tenemos vergüenza en expresarlo. Ustedes juntan cosas, nosotros parejas. Cambian el celular, nosotros el color de pelo. Se llenan de silicona, nosotros de piercings. ¿Lo ve? Es la misma dinámica. La diferencia está en que nosotros sentimos lo que ustedes tapan con racionalidad.
-Tiene sentido. Pero, ¿por qué no dan esta explicación a la gente? ¿Por qué aceptan que los estereotipen así?
-Porque es importante, ¿Te imaginas que pasaría si no hubiera a quien culpar de esta “impotencia social”?
-Sería reconocer que no somos tan distintos…
-Bastante cerca. ¿Puedo serte franca?
-No espero menos.
-¿Quiénes son los hipócritas entonces?
-Out.
Diego Navarrete

sábado, 31 de julio de 2010

X Games

Por estos días se están llevando a cabo los X Games en su versión número 16. Son 4 días de deportes extremos practicados por un grupo de lunáticos que hacen delirar a los fanáticos con sus locuras. 
Ya estamos en el tercer día y, como en todas las ediciones, han habido momentos realmente memorables.
Ryan Sheckler deslumbró en la versión del 2008 ganando el oro en la categoría street de skate. El 2009 iba por el buen camino nuevamente, pero en la final sufrió una caída que lo sacó de competencia y lo tuvo fuera de los parques por un buen tiempo. Ahora regresó con más ganas que nunca, demostrando todo su talento para ser otra vez el mejor.  
Cameron Sinclair volvió a la gloria después de un terrible accidente que lo tuvo en coma por 7 días y en rehabilitación para volver a caminar, hablar, y otras funciones básicas, por varios meses. Emulando al legendario Travis Pastrana, Cam se llevó el oro en la categoría de mejor truco lanzando un perfecto doble backflip.
También en motos, pero en la categoría freestyle, Pastrana volvió después de un tiempo ausente con la única intención de divertirse. Pero no por nada es considerado el mejor de todos los tiempos y con sólo 2 corridas logró sumar una nueva medalla dorada a su largo historial de triunfos. No le bastó, ya que en su tercera corrida regaló un doble backflip a los aficionados sólo por el gusto de hacerlo.
Hay muchos otros ejemplos, y todavía nos queda un día para seguir disfrutando. Les recomiendo pasar una tarde de domingo extrema mañana sintonizando Espn. Quizás podamos ver más cosas como lo que nos ofreció Travis, que pueden ver en el siguiente video:

lunes, 26 de julio de 2010

Pateando penales

Hace un par de días Ezequiel Calvente, seleccionado sub-19 español, dejó a todos locos y al arquero italiano furioso, pateando un penal con el pie de apoyo. De inmediato surgió la denominación "Ezequinha" para la peculiar forma de engañar al portero. Vale decir que la jugada solía hacerla Thierry Henry en los entrenamientos, y que en una liguilla del año 1991 entre Racing y Boca, Reinoso le hizo la misma gracia al "Mono" Navarro Montoya. De todas formas, supongo que la autoría es lo de menos ya que siempre se agradecen estas genialidades en el fútbol. A continuación, los mentados videos.


La Ezequinha:


Reinoso a Navarro Montoya:

viernes, 23 de julio de 2010

Atardecer



La puesta de sol despedía una confusa e imaginaria amalgama de colores mientras caminaba por la playa grande de Tongoy. Me gustaba salir a esa hora porque los veraneantes ya habían escapado a sus casas para refugiarse del frío marino que asomaba en las tardes. Ya llevaba más de una hora caminando y el frío quebrantaba mi espíritu andante, por lo que emprendí la vuelta. Busqué en mi bolsillo la cajetilla y saqué un cigarro. La brisa vespertina me jugó una mala pasada apagando el único fósforo que tenía.

- Terrible hábito el suyo joven, pero si quiere fuego aquí tiene.

Le agradecí y encendí el cigarro. Más que su repentina aparición me asombró su vestimenta. Llevaba una capa negra con una capucha que cubría su cráneo y la mitad de su cara, y en su diestra una larga y afilada guadaña.

- ¿Qué hace en esa pinta caminando por la playa?
- Voy a una fiesta.
- En ese caso, buen disfraz.
- Gracias. El único problema es que no sé cómo llegar.
- No se preocupe, dígame la dirección y yo lo encamino.
- Si mal no recuerdo, es en Gómez Carreño con Esmeralda. Ya sabe, a mi edad uno empieza a olvidar las cosas.
- Justo voy un par de cuadras más allá. No es muy lejos, si apuramos el paso llegamos en 5 minutos.
- ¿No le molesta entonces si camino con usted?
- Para nada.

Seguimos caminando en silencio. Un poco antes de llegar al muelle salimos de la arena y enfilamos por Condell. Dos cuadras derecho y luego a la izquierda por Esmeralda. Unos 20 metros antes de llegar a Gómez Carreño vimos que en la esquina se había juntado un grupo de jóvenes. Al acercarnos más me di cuenta que algunas mujeres lloraban mientras sus amigos gritaban con furia consignas de venganza. Entre 2 mujeres arrodilladas pude ver a un muchacho tirado en la calle, apenas apoyado en la cuneta. Tenía la cara sucia de sudor, tierra y sangre, y por su camisa teñida de rojo se podía adivinar la herida del puñal en el pecho.

- Hasta acá llego yo. Nos vemos pronto. Y trate de dejar ese hábito suyo, esa cosa lo puede matar.

No supe si el que reía era él o yo.

martes, 20 de julio de 2010

lunes, 19 de julio de 2010

Memoria

Me enloquece tu presencia
con tu imagen que me agencio,
cuando trazo las curvas de tu ausencia,
o le canto una copla a tu silencio.

Y me vuelvo tanto menos cuerdo
que le arranco arpegios a tu sombra,
si bailo un tango con tu recuerdo,
e improviso un verso que te nombra.