domingo, 8 de mayo de 2011

Clases de Guitarra

A veces siento que me toca el hombro. En el sentido de roce o choque, claro, pues no tiene manos, mucho menos dedos. Casi siempre es un bulto opaco e informe, aunque una que otra vez se asemeja al gran estuche negro de la guitarra de mi viejo. De cualquier forma, siempre está ahí. Le (no estoy seguro de su género) siento a mi lado, a mis espaldas, asomando lo que sería su cara por mi hombro. Se debate siempre entre estar y no estar. Es decir, parece no estar, pues no le veo, aunque su presencia es indiscutible. Y si bien no le veo, siempre puedo adivinar su forma, o su falta de ella según la ocasión. Ayer me pareció que llevaba la forma del estuche.

Es como mi ángel de la guarda, mi cuidador(a) personal. Al menos me gusta pensarle así, de esa manera, sin importar que los hechos puedan decir otra cosa. Y es que no le vi atajar el golpe que me asestó el tarado del bar, ni sentí que amortiguara la caída por la patada en el partido del domingo, pero sentir su presencia me da cierta seguridad.

Hoy cometí una indiscreción. Violé nuestro tácito acuerdo, aquel que dicta que no debo voltear para tratar de verle. Pero volteé. Volteé y le vi. Quiero decir, volteé y la vi. Ahora entiendo que la adivinara como el estuche de la guitarra. Tonto consuelo para un tonto confirmador. Ya no me toca el hombro, ya no se asoma con timidez por mi costado izquierdo. Ya no está.

Hoy comencé las clases de guitarra.

Zuru

2 comentarios:

  1. Buena socio, se agradece que aún haya un espacio acá para mis estupideces jeje.

    ResponderEliminar
  2. jajaja, cuando quiera. Además, viene de perillas con nuestra sequía de entradas.

    P.D.1: bastante bueno en todo caso, me gustó.

    P.D.2: creo que me equivoque al citarte y lo puse en la mitad del escrito... lo acabo de arreglar

    ResponderEliminar