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martes, 14 de junio de 2011

Retrato

Hace ya 9 - 10 días que el pintor de nacionalidad Chilena Claudio Bravo dejó este mundo. La verdad de las cosas, apenas por nombre y una o dos obras le conocía. No fue sino hasta hace más menos un año, cuando me invitaron (y me sumé) a la idea de ir publicando los ires y venires de lo que se antojase en este blog, que empecé a conocer algunos de sus trabajos gracias a nuestro rincón de "la imagen del día", el cual luego de la salida de nuestro colega "zuru" tuve que tratar de continuar (me duró alrededor de un mes...). Llendo al meollo del asunto, por esta triste noticia le pedi al mencionado colega y fundador de este espacio que escribiera algo sobre el pintor fallecido. Aquí su homenaje.



Un talento rozando en lo divino. Sus trazos eran precisos, ajustados, reflejando la realidad de un modo increíble. Era como si el arte de la daguerrotipia hubiese encontrado un resquicio para colarse en su pincel, sus carboncillos y sus lápices de dibujo, para retratarlo todo tal cual se le podía ver.

Su perfección le ganó fama y prestigio. Todos los grandes, los poderosos, hacían fila para verse inmortalizados en grandes telas. Pero sus óleos no se limitaban a los caprichos del que tiene, no señor. Un paisaje verde y amarillo, el crepúsculo amenazante y una mesa dejada a su suerte en una batalla injusta contra la fuerza de las termitas eran también motivo de grandes obras.

Fue más allá que cualquiera cuando, en un obrar análogo al literato que escribe sobre las palabras, capturó en toda su intensidad sus materiales de trabajo. Pinceladas sobre pinceles; colores que eran la imagen y ellos mismos a la vez; una paleta irisada de forma tal que expelía en figura irreal un aroma a trementina inconfundible.

Una tarde de otoño una mujer anónima e irreconocible apareció por su estudio. Su deseo de ser retratada era tan genuino y firme que no pudo negarse. Más aún, tanta pureza vio en su convicción que se aprestó a hacer de su retrato la mejor de sus obras.

Cogió de un estante sus mejores pinceles. De un cajón extrajo unos óleos inmaculados, joyitas limitadas del mundo artístico, cuya posesión respondía a la gratitud de un rey aficionado a su trabajo. Desenfundó su mejor atril y adoptó su más ensimismada actitud para comenzar la labor.

Sus manos enfundadas en un aura mística parecían danzar sobre la tela, revelando una magia desconocida en la realidad. Los colores eran de una viveza abrumante, queriendo salir de la tela para cobrar vida. El pintor no era ya un artista sino que un dios, un artesano iluminado alcanzando alturas impensadas en sus trazos maravillosos.

Llevaba más de tres horas ante su musa cuando casi llegó al fin. La observó con santa detención para imprimir el iris justo al último detalle. Soltó su pincel asombrado de su propia capacidad cuando observó el cuadro terminado. Quiso agradecerle, mas no alcanzó a expresar palabra alguna cuando se volvió a su modelo y la vio despedirse con un coqueto gesto de mano, mientras se esfumaba en una transparencia continua para desaparecer por y para siempre.

Zuru

domingo, 8 de mayo de 2011

Clases de Guitarra

A veces siento que me toca el hombro. En el sentido de roce o choque, claro, pues no tiene manos, mucho menos dedos. Casi siempre es un bulto opaco e informe, aunque una que otra vez se asemeja al gran estuche negro de la guitarra de mi viejo. De cualquier forma, siempre está ahí. Le (no estoy seguro de su género) siento a mi lado, a mis espaldas, asomando lo que sería su cara por mi hombro. Se debate siempre entre estar y no estar. Es decir, parece no estar, pues no le veo, aunque su presencia es indiscutible. Y si bien no le veo, siempre puedo adivinar su forma, o su falta de ella según la ocasión. Ayer me pareció que llevaba la forma del estuche.

Es como mi ángel de la guarda, mi cuidador(a) personal. Al menos me gusta pensarle así, de esa manera, sin importar que los hechos puedan decir otra cosa. Y es que no le vi atajar el golpe que me asestó el tarado del bar, ni sentí que amortiguara la caída por la patada en el partido del domingo, pero sentir su presencia me da cierta seguridad.

Hoy cometí una indiscreción. Violé nuestro tácito acuerdo, aquel que dicta que no debo voltear para tratar de verle. Pero volteé. Volteé y le vi. Quiero decir, volteé y la vi. Ahora entiendo que la adivinara como el estuche de la guitarra. Tonto consuelo para un tonto confirmador. Ya no me toca el hombro, ya no se asoma con timidez por mi costado izquierdo. Ya no está.

Hoy comencé las clases de guitarra.

Zuru

viernes, 11 de marzo de 2011

De rutinas y rincones

Cada vez que entraba a su cuarto, se daba cuenta de una o dos cosas que le incomodaban. Cuentas pendientes, proyectos sin terminar. Entre el desorden inmediato, cambiar los objetos de lugar, sacar la basura, recoger la ropa, pintar la habitación, abrir las cortinas, las ventanas, ordenar y nuevamente cumplir de manera dedicada y devota a repetir el interminable ciclo, abrió las cortinas antes de tiempo, solo para luego cerrarlas y apagar la luz.

Donga

jueves, 10 de marzo de 2011

Hedionda lucidez

Me desperté intranquilo, no sé bien por qué. Dos vasos más de agua y quizás mañana despierte del todo bien. ¡Maldición! De nuevo el insomnio… mmm, prender el computador sería inútil, nada que ver salvo noticias internacionales (siempre lo mismo en realidad). Mejor leo. Nada. Y aquí se pone peor, ya que nuestro protagonista se pone a pensar, imaginar, soñar despierto, aaah y ahí ya sí que no tengo vuelta atrás.

Dicen que soñar es fácil, debatible, ¿pero por qué nadie admite que raya en una suerte de “masoquismo deportivo”? ¡Y del peor! Ese conocido, esperable y consciente efecto crash después de medio litro energético, porque ya sea que se vuelve de un final feliz, violento u apocalíptico, el vacío en las tripas exige algún bocadillo nocturno, en desmedro de un inaccesible trago amargo para salir del paso.

Volviendo de la quebrá del ají a la del ajo, del día del pico y el año de la corneta al presente pasado, un poco mas de sueño, perder la noción y volver a recordar ese pasado siempre presente mañana por la mañana… y sin tener la más mínima idea de nada, se espera otro fin de semana largo, otras vacaciones y varios otros más para celebrar un feliz día del pico, el año de la corneta y en la quebrá del ají, saludando desde la comodidad de un lindo marco sobre alguna otra repisa.

Donga